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lunes, 13 de noviembre de 2017

Mineras, dije mineras

  • El barranco de las mujeres; el hueco de la mujer o la mina de Skarlym, hace unos años resultaría impensable llamarle así a cualquier asentamiento minero. Hoy esa realidad está cambiando, pero sigue sonando igual de cruda.


César Vázquez



Vejación, criminalización, prostitución, vicio, saqueo, destrucción, desastre ambiental y un largo etcétera levantan los límites de una cartografía lumpen o al margen de la informalidad, esta es la semblanza social que hemos construido de quienes se dedican a la pequeña minería. En el caso de la mujer minera esta lista se extiende mucho más debido a la gran inequidad de género que existe en esta actividad. 

Aunque no haya cifras oficiales, se calcula que más de un millón de mujeres se dedica a la minería informal en países como Perú, Bolivia, Brasil, Venezuela y Colombia. Solo en Venezuela actualmente se estima que la población dedicada a la minería tradicional, así como a la pequeña minería que ha ocupado por generaciones estos territorios, ha crecido durante los últimos años a más de 200.000 personas. Más de la mitad de ellas son mujeres.

Sin embargo, a estos datos o aproximaciones que salen a la luz pública a partir del Primer Encuentro de Mujeres Mineras, celebrado el pasado mes de Julio en El Callao, estado Bolívar, le sigue una realidad mucho más devastadora: a la mujer minera se le considera y se le ha dado el título de ser la más pobre de Latinoamérica.

Acá los breves testimonios de tres venezolanas, formadas en el barro y la fragua de esta lucha que junto a otras compañeras y compañeros vienen asumiendo el brazo direccional de una de las organizaciones mineras más importantes del país (sino la más importante). Se trata del Consejo Popular Minero conformado por la pequeña minería, la misma que le ha venido "arrimando al Estado" (como se diría en jerga minera), es decir la que ha venido tributando a las arcas públicas del Estado más de 5toneladas de oro en estos últimos meses sin trasnacionales de por medio.


La bendición que está allí en el saco, es lo que Dios te pone

Hace más de 8 años Skarlym Dorado tenía 25, llegó con 70 bolívares a Tumeremo, estado Bolívar, con un chinchorro que compró en el camino. La confusión era grande, solo sabía que tenía que llegar a una mina donde había un barranco del que le hablaba su amiga pero no sabía a cuál ni mucho menos cómo llegar, la bulla de Hoja de Lata era grande y ya no había manera de regresarse.
    Allí me encontré con mucha gente de Brasil, Guyana y otros países, había niños, comerciantes, gente que venía igual que uno. Cuando llegamos como lamentablemente pasa nos confundieron con prostitutas y lo vi muy degradante, aunque en ese momento era tan tentador por la situación que atravesaba. De una vez nos ofrecieron trabajar en una currutela (bar de putas), pero no veníamos por eso. Nos comimos una hamburguesa con esa plata, como teníamos aspecto de venir de la ciudad esa misma noche nos ofrecieron trabajar esa plaza. Un muchacho, quien es hoy un gran amigo nos ofreció quedarnos allí, al otro día nos enseñó el sistema, los mineros son muy dadivosos, siempre están dispuestos a ayudarte. Nos dijo que teníamos que pedir un saco de material para molerlo y así ganarnos algo, la comida es muy cara en una mina. 
Desde que llegué, entaconada, porque no sabía a dónde iba realmente, me quería regresar.
El 80% por ciento de las mujeres que llegaron a mi comunidad venían dispuestas a prostituirse, sin embargo esta realidad ha venido transformándose. 

Skarlym Dorado

La fuerza de trabajo es la fuerza no solo del cuerpo sino de la voluntad de permanencia. La mayoría viene con múltiples necesidades, por lo general deben cumplir una doble jornada o triple: primero la atención a sus hijos y a su compañero desde la cocina, lavando ropa y luego el trabajo de minera que dependerá del tipo de mineral que extraiga.

Actualmente a Skarlym no le queda tiempo para bajar por su cilindro a buscar oro junto a su familia, está dedicada exclusivamente a lo organizativo como miembro directivo del Consejo Popular Minero. Las fuerzas históricas que están involucradas en este proceso y la dignificación del trabajo de la mujer ha sido la cantera de un incansable compromiso y la columna vertebral de su formación política.


Mi abuela era una Madama de El Callao
que siempre cocinó para empresas extranjeras

Rosa Rivas “La Mami”, primera hija de Zulay que entraba a la mina, representante de la brigada minera "Nicanor Ochoa", se asoció con varios mineros y logró que a ese barranco le llamaran El Barranco de la Mujer. Al tiempo pudo crear una escuadra de siete mujeres y abrieron otro barranco al que le llamaron El Hueco de las Mujeres.

Tenía 17 años cuando entró a trabajar siguiendo los pasos de su abuela como cocinera en la mina. Habla con respeto a las mujeres que llegan a Tumeremo a prostituirse y comenta:   
    Hoy por ejemplo me llamó una muchacha de 19 años que trabaja en la currutela, tenemos pensado vender hallacas a precios solidarios, los mineros se merecen una comida honesta. Cuando abrimos el comedor popular se vinieron varias de estas muchachas a trabajar, sin dejar de prostituirse. Una de 18 años es de Anaco, la otra de 21 es maracucha y la otra de Valencia. Viajan cada mes para ver a sus familias.


Rosa Rivas

A Rosa Rivas, Skarlym Dorado la conoció en Botanamo, una mina con más de 30 años de fundada, cuando fue desalojada por la Guardia Nacional en el intento de recuperar los espacios controlados por las Bacrim (Bandas criminales). Habían pasado por situaciones similares y aún mantenían su vocación social por el trabajo en colectivo. Desde hace dos años integran las brigadas mineras con el fin de apoyar el registro nacional minero, y la demarcación de las zonas asignadas para la explotación de las reservas auríferas de la nación.


Si un palazo echaba él, un palazo echaba yo

María Rodríguez tiene 52 años, siete hijos y más de 30 años trabajando con su esposo en la mina. Actualmente forma parte de la dirección del Consejo Popular Minero. Representa el Bloque B del sector El Perú de El Callao, donde existen más de 20 minas de Oro.
    La situación te enseña, la necesidad te enseña, si vienes a aprender cualquiera de nosotros te va a enseñar.
Con esa sencillez transmite su filosofía, se refería a su agenciamiento: la solidaridad del pueblo minero como principio con rango de tradición. El principio fundamental de su horizonte organizativo, político y humano.
    Chávez vino con la caravana bolivariana cuando salió de Yare, por allá en el 98, estaba de candidato, hasta ese día los mineros no habíamos visto una, Chávez pensó en la legalidad del minero cansado del matraqueo de la guardia y las mafias y empezó a crear las asociaciones mineras como la que yo represento.  
   ¿Qué significa el Consejo Popular Minero en lo más básico?
    Es una lucha que se ha logrado a través del tiempo, y somos 136 organizaciones de todo el estado Bolívar, donde están los tres metales: el oro, el diamante y el coltán. Desde hace dos años venimos reuniéndonos, y en este momento hemos avanzado con grandes resultados; estamos a las puertas de una demarcación del territorio para que los mineros puedan crear sus alianzas estratégicas. Queremos que ese oro que sacamos, vaya al Banco Central y se utilice en las necesidades del pueblo, que el país tenga como responderle al pueblo. 


Vocería del Consejo Popular Minero

jueves, 9 de noviembre de 2017

Sabemos que al río se le vuelan los que no regresan



  • Ha muerto Francisco Pesquera, el último artesano de curiaras de Pavoni. El hecho coincide con el acelerado proceso de explotación minera a pocos kilómetros, justo la zona del coltán. Sus hijos lamentan y temen que ese saber casi se haya extinguido con el patriarca. Casi, porque en medio de los nuevos apetitos que abre la minería queda una llama, al menos una intención de honrar la cultura ancestral

Texto y fotos: César Vázquez


Una bandada de jurras pasó trillando al final de la tarde cuando la nieta de Francisco gritaba rompiendo a pulmón y llanto el silencio de todo el pueblo.

Su abuelo, el cacique, artesano y capitán de la comunidad, se había ido. La casa estaba rodeada de gente que apenas susurraba en su propia lengua, atrás venía un palo de agua que pintaba sobrenatural. Eran casi las siete: la hora en que los zancudos te guardan una doble porción de paludismo. Si uno quiere saber aquello de lo que estamos hechos basta con acercarse a un funeral y oír, en mi caso me tocó preguntar; de otra forma no se justificaba mi presencia, cámara y grabadora en mano. 


Pavoni queda cerca del Río Parguaza, en el municipio Atures del estado Amazonas. Es una comunidad fundada por indígenas curripaco que migraron de la hermana república de Colombia hace más de 40 años, a partir de los desplazamientos en el alto Guainía. El Arco Minero del Orinoco pasa por el frente de este pueblo mordiendo los linderos del extremo sur-oeste con el estado Bolívar.
Piaroas, houttöjas y curripacos, pueblos de artesanos, conuqueros y mineros por tradición, comparten estos territorios.

El cuerpo lo trajeron en un camión que presta el servicio de transporte público entre Puerto Ayacucho y las comunidades cercanas. Llegué con unos parientes (indígenas nativos de la zona) cuando lo estaban vistiendo. Se trataba de Francisco Pesquera, el último hacedor de curiaras de por esos lados.

El Orinoco tiene a lo largo de su orilla centenares de puertos no fiscalizados por donde sale el contrabando, por allí también llegan los pescadores a vender o intercambiar lo que le pueden sacar al río; si el intercambio es por gasolina van bien. En uno de estos puertos, más abajo del pueblo, Francisco dejó por la mitad su última curiara. Tenía casi noventa años de edad, la diabetes y su delicado estado de salud le impidieron terminarla. 


Él era el único que sabía cuál era la madera indicada, cómo debía cortarse y su principal secreto estaba en saber sacarle el Salsafrá.

José es uno de sus ocho hijos, en medio de su dolor me explicó que el Salsafrá es el aceite que brota de la misma madera, un apresto natural que le sacaba arrimándole hojas secas al palo para quemarlas, y hace que la curiara mantenga su brillo evitando que se erosione con el paso del tiempo.

En un descuido el hombre bajó para el caño de nuevo, comenta que su papá venía mal pero no podía quedarse quieto, era incansable, había vivido de esto y para esto toda su vida:

–Estaba hecho de la misma madera del árbol y tenía el mismo color de la tierra, como cualquiera de por aquí.

Antes de morir pidió que le recogieran todas sus herramientas, sufrió un ataque que José no supo explicarme; después me enteré que se trataba de un accidente cerebrovascular. Tenía que terminar la curiara que su viejo había dejado inconclusa, lo repetía como un imperativo categórico; la condición inanimada del hacha dentro de la caja, la naturaleza muerta en esas herramientas sin manos que las sepan utilizar lo perturbaba en su calma. Se reprochaba una y otra vez “no haber mantenido la cultura que su padre les había dejado”.

Las herramientas pasan de generación en generación –así como el hacha, la curiara, la batea y la suruca donde se lavan el oro y el coltán– son objetos que se resisten a la muerte, guardan en su aura un legado cultural inalienable.

El palo de agua que nos cayó encima fue el de los muertos, ya que estábamos cerca del 2 de noviembre, cuando los criollos celebramos a los difuntos. En ese funeral se desarrollaba un hito histórico cultural que pasaría desapercibido: La desterritorialización de un saber ancestral se iba con el viejo y nadie supo conservarlo.

Quizá no sería nada emblemático lo que allí sucedía si no nos referimos al impacto ecológico “ambiental” que contribuye y estimula en su imaginario distópico, terrófago depredado y depredador la palabra “pueblo minero”, la segunda parte de un grave titular donde en vez de política se vea un escenario tipo Avatar con transnacionales, grandes dragas, y por eso sea de más consuelo juzgar a los Pesquera por no resguardar el patrimonio en vida que juzgarlo por minero, churuatero, albañil, etc.

En este caso la muerte de Francisco no podía ser algo menos notable, como mucho menos aleatoria la fragilidad de lo espiritual en los pueblos indígenas que se dedican a la minería artesanal. Parece ser arena de otro saco, cualquier sentencia a priori de las que se vienen haciendo nos aleja de una posible comprensión de lo que allí realmente sucede –Todos somos contrabandistas, o peor aún, mineros– como si participáramos dentro de la metáfora del desierto y la devastación desde un ahora tan nuevo, nuevecito, el último grito y la última estrategia desarrollista (extraccionista) impuesta “por el malévolo gobierno nacional de Maduro”. Ni todo el coltán, ni todo el oro, eso sí, ni todo los prejuicios sobre el Arco Minero del Orinoco, valen realmente lo que esa curiara sin terminar significa para Pavoni y para todos nuestros pueblos originarios.

“No soy inventor; repito y mejoro el trabajo de otros”

Texto y fotos: José Roberto Duque

Benito Morillo, tecnólogo popular
Uno tiende a suponer o a dar por hecho que el ser humano sumido en la dinámica de la compra-venta ve atrofiarse su inventiva y su creatividad. Que en las épocas y zonas tocadas por la abundancia las capacidades de adaptación e improvisación disminuyen o desaparecen. La estrechez y las condiciones adversas potencian el ser creativo; el hartazgo de recursos y la “buena vida” (eso que mata de obesidad a la burguesía) lo inhiben. En El Callao ocurre una anomalía; tal vez se explique porque los poderes creadores siguen residiendo en los trabajadores, en la gente que a pesar de la abundancia de los alrededores sigue siendo explotada. El músculo que saca el oro de la tierra tiene sobredosis de trabajo físico y aun así tiene tiempo y energía para poner a funcionar el cerebro.

Varios de los artificios mecánicos y tecnológicos que están actualizando la maquinaria en el pueblo emblemático de la bonanza aurífera están siendo fabricados y producidos por obreros, algunos más brillantes que otros a la hora de inventar soluciones que no están en ningún manual.
Al fondo, a la derecha: la turbina o bomba de empuje
Benito Morillo es de los que le ponen ingenio y capacidad de deducción antes de emplear la fuerza física. Es apureño, de Guasdualito pero en 2012 se fue a vivir a Guasipati, y es en El Callao donde ha encontrado mejores oportunidades y contratos. Tal vez lo ayude el hecho de que ha sabido honrar el nombre de este pueblo con actitud llanera: el nombre de El Callao tuvo origen en un señor que sacaba oro sin decirle a nadie, y bien callao se ha sabido mantener también Benito para no alardear de su talento, que es mucho y ha producido maquinarias sólidas y duraderas.
Benito en labores de soldadura
Superando su vocación silenciosa, informa que ha fabricado más de 200 molinos (artefactos de moler y triturar las piedras contentivas de material aurífero), bombas de empuje o turbinas, ejes de arrastre (poleas), tanques que dentro de poco se emplearán en procesos de cianuración. La creación suya de la que habla con más orgullo es un facsímil o copia de molino H33, poderoso molino de triturar y pulverizar, y que está activo en una planta en el sector El Perú. Esta máquina es copia de una que antes tenía que ser importada: el molino H33 también es conocido como Brasilero.
El gigantesco H33
En voz baja y sin hacer mucho aspaviento se presenta a sí mismo de esta manera: “Yo lo que soy es soy montador y armador. Desde hace 25 años estoy soldando; aprendí viendo a los demás y así fue que me contrataron en mi primer trabajo: vi lo que estaban haciendo unos señores, me preguntaron que si era capaz de hacer una pieza igual a una que tenían de muestra, y yo la hice. Lo que me digan que haga yo lo hago, pero no soy inventor; lo que hago es repetir y mejorar el trabajo que ya han hecho otros”. En ese hacer cosas que ya se hicieron antes ha construido motores de vehículos y tractores, adaptaciones varias. Otro rato más y desentierra otro antecedente importante: en su juventud fue carpintero en Magdaleno, un pueblo de artesanos que es templo de la carpintería en el estado Aragua.
Tanquilla para carbón activado, dentro de un tanque de cianuración
Aunque no le gusta hablar de su historial formativo, al rato de estarle preguntando aceptó resumir su currículum: es mecánico certificado de maquinaria pesada (motores diesel), hizo un curso en Pdvsa y electricista de construcción. Pero más allá de ese conocimiento adquirido en cursos y estudios formales, lo que destaca de sus destrezas es la capacidad para improvisar soluciones con materiales desechados o desechables. Sus piezas y equipos están hechos totalmente o en buena parte de chatarra reutilizada. Rebasando la frontera de su ocupación, relacionada con la maquinaria y equipo para extraer oro, se enorgullece de otra obra, bastante visible en la población de El Callao: fue él quien fabricó e instaló el gigantesco portón metálico del estadio de fútbol. “Así sin mostrárselo no le puedo explicar por qué era tan difícil resolver ese problema del portón, y por qué nadie había podido hacerlo. Mejor vaya y lo ve usted mismo”.

A sus 50 años está convencido de haber tomado una buena decisión al venirse desde Apure hasta el otro extremo de Venezuela, con su mujer e hijos: “En mi pueblo hay trabajo, pero no hay futuro. Aquí en El Callao sí hay futuro”, sentencia.

martes, 7 de noviembre de 2017

“Este que está aquí se queda en El Callao”


Darwin Lizardi: "cuando el trabajo forma parte de una cultura no es explotación"


Como muchísimos hombres nacidos en El Callao en todas las épocas, Darwin Lizardi supo lo que era trabajar en una mina de oro desde que era un niño, a los ocho años de edad. En las ciudades nos acostumbramos o nos acostumbraron a espantarnos de un fantasma legal, y a veces moral, llamado “trabajo infantil”. Darwin comenta el asunto con toda naturalidad: “Es que el trabajo minero aquí es una cultura. Yo estudiaba en la escuela y después el bachillerato, pero ya había una tradición en la familia; y en casi todas las familias de aquí es igual. A uno le decían: 'Si no vas a la escuela no vas a la mina'. Entonces uno se mentalizaba que tenía que estudiar toda la semana para ir el sábado a una mina o a un molino a ayudar a un hermano a la mamá o al papá. Si la minería le está dando de comer a una familia y los niños van a participar de esa actividad con sus padres, eso no se llama explotación”.

Paréntesis: en Barlovento, uno de los datos socioculturales que amenazan el cultivo del cacao es el poco arraigo o la imagen negativa que tiene la siembra y cosecha de ese fruto ancestral entre los jóvenes. El caso barloventeño es diametralmente opuesto al de El Callao y su cultura minera: cuando un muchacho tiene mala conducta, no va a clases o sale mal en los exámenes, los padres lo amenazan con tremendo “castigo”: tiene que ir a recoger cacao con sus padres. En Barlovento recoger cacao es un martirio; en El Callao, buscar oro es una actividad en la que los muchachos aspiran a participar. Fin del paréntesis (y esperemos que no sea el fin de la cultura del cacao).

Sentencia este joven de 28 años que en esta zona “el que no sale minero sale futbolista, y el que no, pues es cantante o músico de calipso”. En su caso, la opción primera fue la minería por razones de peso: su abuelo paterno, español llegado aquí por la fiebre del oro, fue propietario de la Mina Isidora, una de las grandes y emblemáticas de los alrededores. Este abuelo le vendió esa mina al Estado. Hoy está bajo administración de Minervén. Pero Darwin también sabe de muchos jóvenes que decidieron estudiar e irse a probar suerte en otras fronteras. Un amigo suyo, que fue minero y al mismo tiempo cantante de la banda más grande de calipso de El Callao (“The same people”) emigró hacia México y allá se gana la vida como chef.

Luego está el fútbol, tema histórico y motivo de orgullo para este pueblo minero. Cerca de la comunidad de El Perú, en El Caratal, se encuentra la cancha donde se jugó fútbol por primera vez en Venezuela. En una esquina de esta cancha recibe sol y olvido un pequeño pedestal donde hubo alguna vez una placa conmemorativa de ese hecho histórico. Alguien desmontó esa placa y olvidó ponerla otra vez en su lugar, como ha olvidado todo el mundo los pormenores de ese encuentro. No hay que culpar a los lugareños; eso de ver a un montón de europeos jipatos corriendo durante una hora y media detrás de un balón bajo el solazo guayanés no es algo que la gente quiera recordar.

Ahí mismo en El Perú se encuentra uno de los mayores yacimientos de oro de las cercanías. Hoy existen buenas condiciones para que El Perú tribute su producción de oro al Arco, y en esas gestiones andan los habitantes de la comunidad. Por cierto que la familia de Darwin Lizardi administra un molino cerca de la mina de El Perú.

Este Darwin tiene algo que decir sobre la minería “limpia”, sobre los métodos y tecnologías posibles y deseables para hacer de la minería un asunto menos destructivo de la naturaleza. “Aquí en el municipio El Callao se ha demostrado que sí es posible hacer minería sin contaminar. Tú abres un hueco pequeño, te metes allá abajo, no estás rompiendo matas ni acabando con la naturaleza. Pero hay otro sistema, muy dañino, que es la famosa bombita, a punta de manguera. Tienes que despejar 50 hectáreas y empieza la bomba a bajar arena. Y hay compradores de oro que queman el mercurio al aire libre. Todo eso puede evitarse y controlarse”.

Le parece que el cianuro tiene ventajas pero sabe de las condiciones que debe haber para que sea viable: “El cianuro es una opción siempre que haya seguimiento y control del Estado, y adiestre a los mineros para que trabajen con esa sustancia”.

Militante activo de la Juventud del PSUV, ha visto pasar y quedarse momentos difíciles, pero cree que todavía es posible hacer política. “Nosotros somos nativos de aquí y sabe la clase de gente que es uno”, dice con orgullo y seguridad de su imagen. “Se puede hacer política, pero la gente quiere que haya respuestas del Gobierno. Aquí normalmente votan por el chavismo entre ocho mil y nueve mil personas; en estas últimas elecciones votaron cinco mil. Creo que tiene que ver con las cosas que no se han resuelto, entre ellas eso de que todavía la pequeña minería no está regularizada. Los mineros no salieron a votar como antes y creo que puede haber sido por eso”.

--¿Qué vas a hacer con tu vida? ¿Te quedas o te vas?
--A pesar de que hemos tenido momentos difíciles por el tema de la seguridad yo me quedo aquí. Mi mamá ha estado a punto de vender la casa y todo lo que tenemos para irnos. Yo le he dicho: “Se irá usted sola, porque este que está aquí se queda”.