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viernes, 8 de diciembre de 2017

Las entrañas del coltán (III)

Pueblos indígenas: el rango constitucional

Miembros de una comunidad huottöja-piaroa, en Amazonas

César Vázquez

Para que el Estado venezolano otorgara la concesión a la primera empresa destinada a la explotación del Coltán en el país, 29 comunidades piaroa que habitan en el sector Parguaza del estado Bolívar, en frontera con el estado Amazonas, fueron consultadas por el Ministerio del Poder Popular para Asuntos Indígenas y finalmente llegaron a un acuerdo: autorizaban la instalación de la Empresa Mixta Minera Ecosocialista Parguaza (EMMEPSA). La serie de reuniones de trabajo en la comunidad, constituida por 640 familias y 3888 habitantes, se realizó durante cuatro meses en el año 2016.

Esta incursión me trajo hasta las orillas del río Parguaza (que en huottöja se escribiría Päruhuäbi aje) a la comunidad de Tierra Blanca, tierras huottöja-piaroas, a unos 25 kilómetros de la empresa. Allí, como en otros caseríos, me encontré con un testimonio recurrente, un río caudaloso y un sentimiento colectivo. Estas comunidades aprueban el Arco Minero del Orinoco porque lo ven como una oportunidad para el desarrollo integral de la nación.

Josué Mendoza es uno de los voceros indígenas huottöja del sector Parguaza, ante la EMMEPSA. Es maestro, representa a su comunidad en la demarcación de los pueblos indígenas y es vocero del consejo comunal. Para él existe el antes y el después, la recolocación de su cultura y su dignidad, un nuevo principio y está en la creación de la constitución del 99 impulsada por el primer triunfo irreversible del chavismo. Por primera vez en la historia se crea y se integra en la constitución nacional La Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas. A su lado se encuentra Enrique Gordo, Cacique General de Tierra Blanca, autoridad única de la comunidad reconocido en esa Ley; reitera que autoriza como vocero a Josué, quien me habla con la agudeza de lo que sabe.


Godoy dice que es conuquero, Josué dibuja sobre la tierra un punto dentro de un círculo para explicarme en esa abstracción el carácter colectivo y el modelo de desarrollo orgánico. “Nosotros como autoridades legítimas fuimos consultados como indica la constitución. Debatimos, hicimos mesas de trabajo con la presencia de 29 capitanes de la comunidad y en presencia de los caciques generales, aprobamos el Proyecto Nacional Arco Minero del Orinoco y a la vez aprobamos la instalación de la empresa en nuestras tierras del sector Parguaza”. A estos dirigentes los mueve un propósito, un asunto de justicia ancestral: los títulos de la autodemarcación colectiva de las tierra que están en un 70% adelantadas, y que las esperanzas de conseguirlos dependen de los avances en el diálogo con el gobierno nacional.

--¿En corto plazo qué se aspira? ¿Qué beneficios le trae a la comunidad la explotación del coltán con la creación de la Empresa Mixta Parguaza?
J.M.: Nosotros, conjuntamente con los diferentes capitanes de los pueblos indígenas, hicimos una asamblea para jerarquizar las necesidades. Una de las prioridades que se establecieron para presentarle a la empresa es la red de electrificación. Aquí hay instituciones educativas, hay ambulatorios y carecemos de electrificación, y para poder desplazarnos en el río y para poder llevar a nuestros hijos a la escuela hemos solicitado motores fuera de borda para las embarcaciones, carreteras que ya se han adelantado, y que son vitales para el desarrollo del sector Parguaza.

--¿La empresa sería mediadora o daría esos aportes?
J.M.: En la medida en que la empresa saque la producción nosotros nos veremos beneficiados en la parte social, así lo hemos establecido.

--¿Cómo les afecta la minería al margen de la ley, descontrolada sin ningún tipo de límites?
J.M.: Nosotros no migramos como mineros, pero nos afecta primeramente porque otros hermanos de otros pueblos indígenas que sÍ vienen de otros países trabajan en la búsqueda de oro y coltán, y terminamos siendo inculpados todos. Entonces el Gobierno empezó a decir que los indígenas del sector Parguaza somos mineros ilegales. No podemos recibir culpas de lo que no hacemos, en este sentido agradecemos que se instale esta empresa para que se pueda regularizar esta situación y que todo lo que vaya a producir llegue a ser beneficio de la nación.

La constitución del 99 contempló dos aspectos fundamentales. Representó en primer lugar un correlato de identidades y corrientes históricas que lograron conquistar a través de la Asamblea Constituyente un capítulo entero en el reconocimiento de los pueblos indígenas. Por primera vez en la historia sus cosmogonías y territorios alcanzaron rango de Ley. En segundo lugar, representaba un nuevo marco legal para la recuperación de las industrias básicas. Ambos elementos, aunque parezcan antagónicos, forman parte del rescate de la minería; recuperar el suelo para quienes históricamente fue negado, poder explorarlo y explotarlo en beneficio colectivo. No es una contradicción, es una forma de restituir la dignidad.
                                            
“Después de dos décadas”, comenta Josué, “en este pueblo el partido de la Revolución ha ganado con el 95% de los votos la últimas elecciones. Mantienen la fe en que este año (¡por favor!) mejorarán la estructura escolar.




lunes, 4 de diciembre de 2017

La rebelión de Nuevo Callao y el poblado posible (IV y final)

El poblado actual; el poblado posible


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Plaza Bolívar de Nuevo Callao. Pocas comunidades mineras cuentan con este homenaje simbólico a la venezolanidad
José Roberto Duque

Durante la visita realizada a Nuevo Callao a mediados de noviembre de 2017, uno de los jóvenes trabajadores del Ministerio de Desarrollo Minero Ecológico que participaban en el Registro Único Minero hizo esta observación: “Este es el primer poblado minero que hemos visitado que tiene una Plaza Bolívar”. En efecto, allí existe un pequeño busto del Libertador en un pedestal de cemento, y escoltándolo, las banderas de Venezuela, del estado Bolívar y del municipio Sifontes. Le pareció digno de ser anotado como curiosidad, y en efecto esa curiosidad ratifica el carácter de poblado minero atípico. Y nos introduce en la expectativa del fundador Luis Marcano: “Sé que no me voy a morir sin ver como esto se convierte en un pueblo de verdad, con escuela, hospital y buenos servicios”.

Algunos datos culturales o demográficos comienzan a revelar qué cosas faltan para que el pueblo pueda comenzar a considerarse como tal y no un simple poblado temporal. Uno de ellos está asociado a la historia remota y otro a la historia en construcción: no hay un cementerio actual (existe uno del siglo 19, en Rancho de Zinc) ni un lugar acondicionado para que nazcan nuevos pobladores. En los alrededores, sobre todo en la comunidad indígena de Los Guaica, es natural y cotidiano que las parteras se ocupen de los nacimientos, pero ese saber y esa práctica no ha sido absorbida por la población criolla.

Pobladores kariña inscribiéndose en el Registro Único Minero

Cuando una habitante de Nuevo Callao está en las últimas semanas de su gestación es sacada a tiempo para que dé a luz en Tumeremo. Los pobladores más antiguos tienen noticias de una sola criolla que dio a luz cuando apenas comenzaba a cruzar el río Botanamo, y ese ha sido el único nacimiento de un criollo en el territorio desde la fundación. Como se ha dicho, los nacimientos de indígenas sí son más frecuentes pero la mayoría no han sido registrados.

Las fortalezas actuales del proyecto o anhelo de poblado son dos, aparentemente antagónicas como productos culturales y económicos: la producción aurífera y la vocación agrícola. La primera es obvia; sobre la segunda habrá que hacer algunas precisiones más abajo.

Hasta el momento, en Nuevo Callao se produce oro de manera convencional, como en el resto del país: se usa mercurio, está presente el sistema de “la bombita” y en general ha habido poco estímulo para adentrarse en esquemas o tecnologías más cuidadosas del medio ambiente. Se supone que las directrices y filosofía del Arco Minero del Orinoco han llegado para instalar una nueva cultura de la explotación minera. En el censo realizado por el Registro Único Minero a mediados de noviembre de 2017 se inscribieron 715 habitantes (más de 400 mineros activos), y se inscribieron como activos y georreferenciados 41 verticales (“barrancos” con sus galerías de explotación) y 25 molinos. Esto, más la existencia de entes organizados de trabajadores le otorgan personalidad a la actividad económica predominante, que es la minería.

Los mineros más antiguos coinciden en señalar que las minas de la zona tuvieron un mejor tiempo puesto que ha mermado la producción. Algunos testimonios dicen que se producían de 10 a 30 kilos de oro en un día hacia 1996, y que hoy rara vez se producen 5 kilos. Segundo Ramos y su hijo Junior, provenientes del estado Zulia, llegaron al poblado sin equipo ni experiencia y los resultados obtenidos han sido lentos y modestos, pero no los desaniman: en tres meses de trabajo han obtenido 7 gramas de oro. Hay días atípicos en que un solo minero se alza con 5 gramas en una sola jornada, y muchos otros días o semanas enteras en que no obtiene ninguna.
La balanza de platillos, la romana y la balanza electrónica, instrumentos para pesar el oro
Pero todavía queda en la zona un potencial que ha de aprovecharse cuando se introduzcan las nuevas tecnologías.
Sucede que, producto de la trituración y molienda de las rocas, resulta una arena que ha quedado almacenada al lado de los molinos. El mercurio capta hasta 30 por ciento del oro presente en los materiales procesados, pero en esas arenas residuales todavía queda 70 por ciento de oro, y en Nuevo Callao es posible ver varias pequeñas montañas de esas arenas. Cuando se produzca la migración tecnológica del mercurio hacia el cianuro esas arenas van a producir un segundo boom, pues es un material que ya ha sido extraído y sólo queda activar una o más plantas de cianuración, que por cierto es una de las misiones y objetivos del Arco Minero del Orinoco a mediano plazo.
En la arena sobrante de la molienda del material está 70 por ciento del oro. Cuando llegue la nueva tecnología Nuevo Callao podrá disponer de esta riqueza
Los precios a través del tiempo
Cuando llegaron los fundadores de Nuevo Callao el gramo de oro costaba 28 bolívares. Carlos Sarría asegura haber vivido el tiempo en que el gramo se vendía a real y medio (Bs. 0,75). Recuerda haber extraído en una buena jornada 36 gramos de oro, y por esa cantidad le pagaron 350 bolívares, en 1996. Luis Marcano, actual bodeguero, fundador y cronista del poblado, conserva unos cuadernos donde llevaba la contabilidad de su negocio en la década. El documento es interesante porque registra la evolución del precio de la grama (un gramo) de oro, al menos entre los años 2003 y 2004. La evolución del precio del gramo o grama de oro ha sido así:
  • Diciembre de 2003: Bs. 30.000 (tomar en cuenta que se trata del viejo bolívar, antes de la reconversión del año 2008).
  • 3 de enero de 2004: Bs. 30.200
  • 11 de enero de 2004: Bs. 31.500
  • 8 de febrero de 2004: 32.500
  • 12 de febrero de 2004: 32.000
Y así, con pocas y pequeñas fluctuaciones, hasta que en marzo de 2004 se sitúa en Bs. 32.700.
A mediados de marzo de 2004 Luis Marcano compraba el gramo en 30 mil bolívares y lo vendía en 33.200, y en mayo lo compraba en 27.000 y lo vendía en 28.000.
Cuadernos con las cuentas de Luis Marcano: precios del oro a finales de 2003 y principios de 2004
El resumen de los registros del último año es el siguiente:
En diciembre de 2016 el gramo estaba en Bs. 50, y en enero sufrió un descalabro y se ubicó en Bs. 25. Dicen los compradores que es un movimiento usual en la temporada: en diciembre suben los precios porque la producción se reduce, debido a que los trabajadores salen de vacaciones y dejan semidesiertas las minas, y en enero retorna la producción a su nivel y los precios se estabilizan.
A principios de noviembre de 2017 el precio de una grama era de 700 mil bolívares en El Callao. El 20 del mismo mes ya estaba en 1 millón 700 mil (el mejor precio lo pagaba la estatal Minerven), y los primeros días de diciembre ha rebasado los 2 millones.
El desbalance y la perturbación tiene el mismo origen que el resto del desacomodo de la economía en el país: el precio del oro toma como referencias la onza troy (valor internacional del oro) y el valor irreal del dólar reflejado en la página Dolar Today.
Como ya se dijo en la entrega anterior, todavía se compra y se vende mercancías con gramas y puntos de oro.

Mineros, conuqueros y pentecostales
Sorprende detectar una sólida vocación agrícola en medio del furor minero. Como los pobladores fijos o temporales de este caserío provienen de muchas partes de Venezuela suelen traer consigo costumbres y prácticas que tienen mucho sentido y pertinencia en estas regiones. Dicen las leyendas o nuestros prejuicios que, como la mayoría de la población minera es nómada y no habituada o dispuesta a echar raíces, la agricultura es totalmente ajena a estos territorios. La realidad en Nuevo Callao derriba esa visión determinista y fatal.

Dentro y en los alrededores de la zona residencial, incluso al lado de los molinos y maquinarias, pueden verse conucos organizados, pequeños huertos y sembradíos medianos donde puede verse una buena cantidad de plátano, ocumo, yuca, maíz, cambur, lechosa y hortalizas varias. Héctor Franco, quien es trabajador de Minervén y en su juventud fue participante de la Rebelión de 1995 y fundador del poblado, tenía 19 años sin visitar la zona y quedó sorprendido con este detalle; en los tiempos de la fundación no existía este impulso agrícola.
Yuca, ocumo y maíz en distintos conucos: la agricultura conviviendo con la minería
Consultados al respecto, los pobladores explican sin ningún esfuerzo el "misterio": la gente siembra porque en sus pueblos de origen se sembraba, y porque comprar alimentos representa un gasto demasiado alto. Cuando la gente va a Tumeremo aprovecha para comprar las cosas que no es posible obtener mediante la siembra de vegetales o la cría de animales (azúcar, café, aceite), y cuando esos insumos faltan pueden comprarlos en la bodega de Luis Marcano. Pero el carbohidrato duro proporcionado por los tubérculos y musáceas y la proteína animal se obtiene del entorno; los kariña son buenos cazadores y suelen presentarse en el pueblo con pescado y piezas de cacería.

Casi todos coinciden en afirmar que el pueblo es pacífico y la convivencia ha mejorado desde que, hace un año, los pobladores decidieron que no se vende ninguna especie alcohólica en Nuevo Callao. Al parecer los únicos dos crímenes violentos ocurridos en 22 años de historia tuvieron que ver con borracheras fuera de control. Al margen de esos episodios están los casos de bandas organizadas (en esta zona se produjo la lamentable matanza de mineros en 2016, por parte de una banda que ha sido disuelta) que se han mimetizado en la población y controlan algunos procesos. Sólo un habitante de Tumeremo se atrevió a comentar el estado de zozobra permanente del que nadie en Nuevo Callao aportó ningún otro testimonio: "Los mineros y dueños de molinos tienen que trabajar vigilados por los tipos que después le quitan la mitad del oro". Dato que está debidamente monitoreado por las autoridades.

El otro factor que ha excluido el consumo de alcohol en el poblado es la creciente influencia de la iglesia evangélica o pentecostal. "Iglesia Anunciadora de Sión", es el culto central en el pueblo. Más allá, en Botanamo, donde también hay una Plaza Bolívar, el artista que esculpió el busto del Padre de la Patria invirtió todo el material que le quedaba en realizar esa, su última obra: el escultor acababa de abrazar la religión y ésta le impide adorar ídolos, así que hizo esa última excepción y elaboró la efigie de Bolívar.

***

Las necesidades que es urgente y prioritario cubrir para hacer posible a este poblado remoto son: una vialidad en buenas condiciones, una presencia fuerte del Estado, de sus instituciones y mecanismos de seguridad; instalaciones educativas (aquella vieja escuela funcionó sólo unos pocos meses) y de salud, y un sistema de comunicaciones telefónicas adecuado a los tiempos. Acá se realizan operativos de vacunación pero no cuentan con un ambulatorio. El traslado de enfermos o lesionados hacia Tumeremo debe hacerse a través de una carretera tortuosa e inhóspita, y a la hora de las emergencias se debe desembolsar una suma muy alta para contratar el helicóptero.

Los recursos monetarios y el músculo humano están disponibles. Habrá que asomarse en los próximos meses a ver cuánto y cómo ha evolucionado el poblado hacia su sueño de ser un pueblo consolidado.

La rebelión de Nuevo Callao y el poblado posible (III)


La fundación

Una asamblea durante el arranque del Registro Único Minero en Nuevo Callao (noviembre 2017)

José Roberto Duque

Producto de una rebelión (La rebelión de 1995), coronada con una toma popular de minas y territorios que eran usados como hacienda privada por una empresa transnacional (la Greenwich Resources, de capital inglés), comienza a formarse en mayo de 1995 una comunidad minera. La “bulla” de Nuevo Callao convocó a gente de muchos lugares del país, como suele pasar cada vez que se corre la voz de que fue encontrado un nuevo yacimiento, con la diferencia de que esta vez no se trataba de una veta recién descubierta. Se trataba de un sistema de minas activas y por descubrir expropiadas por el pueblo organizado a una empresa depredadora, que en su afán de ejercer dominio pleno sobre 17 mil hectáreas de territorio no permitía el paso ni el ejercicio de ninguna actividad a venezolano alguno.


La otra diferencia era que los activistas y fundadores dela comunidad tenían una visión distinta a la de la mayoría de las zonas mineras. Por lo general alrededor de las minas se forman comunidades provisionales, sin vocación de permanencia; más bien campamentos portátiles y transitorios que son abandonados cuando merma la producción y se termina la “fiebre” del oro. En el caso de Nuevo Callao el sentimiento predominante era de fundación y permanencia. La gente que participó en la toma creía importante ejercer soberanía sobre un espacio ubicado a relativamente pocos kilómetros del Esequibo.

Veintidós años después todavía viven en el poblado algunos de aquellos fundadores: Luis Gernónimo Marcano, María Teresa Hernández, Carlos Sarría; Vidal Betancourt, José Luis Sulbarán, Simón Pérez, Pedro Ruiz, Miguel González, Nancy García y varios otros. Este intento de reconstrucción histórica y actual fue realizado a partir de los testimonios de varios de ellos.

Luis Marcano y María Teresa Hernández. Fundadores y testimoniantes de la historia del poblado

Las dos fundaciones


El punto original de la fundación fue un sector que se llamó Pueblo Viejo, a orillas del río Botanamo. Entre este punto y Rancho de Zinc, que era la base de operaciones de los ingleses, hay que realizar un recorrido de unos 5 kilómetros por una carretera de tierra; en esa época no eran muy distintas las condiciones.

Durante los primeros meses de la fundación hubo intentos de desalojo por parte de los cuerpos de seguridad del Estado, alegando que había demasiadas personas poblando las riberas de un río, y esto era considerado un crimen ambiental (“crimen ambiental” a poca distancia de donde funcionaba un monstruo que devastó por años la zona selvática). El río Botanamo va a desembocar al Cuyuní.

La tensión entre los pobladores y las autoridades era permanente, pero el poblado comenzó a cobrar forma poco a poco, con más organización y criterio de comunidad que un campamento minero común y corriente. Había una escuela en la zona de Rancho de Zinc, y los niños y la única maestra eran llevados desde Pueblo Viejo hasta la sede de la escuela en helicópteros ("pájaros", en el lenguaje local) alquilados a las compañías Ranger y Aerotécnica. La Ranger todavía presta servicios en Tumeremo y sus alrededores.

Un día de 1996 se presentaron las autoridades sin ánimo de discutir más el asunto y comenzó un intento de desalojo a la fuerza. La población se movilizó para su defensa y el clima de represión encontró eco en Tumeremo, donde hubo un paro activo y protestas en la carretera nacional. Hasta que las autoridades decidieron negociar con los fundadores. Éstos aceptaron retirarse de la orilla del río y adentrarse hacia la zona de las minas, donde fundaron dos espacios residenciales: Peladero 1 y Peladero 2. En estos dos espacios construidos en mitad de la selva, pero mucho más cerca de la zona de operaciones mineras, se encuentra todavía el núcleo más importante de Nuevo Callao. Allí viven varios de los antiguos fundadores, sus familias y personas que vienen a probar suerte con la minería.

De ese mismo año data la fundación de la Asociación Civil Agrominera Sifontes, un ensayo de organización gremial de trabajadores de la pequeña y mediana minería.

Un reloj-afiche de la primera asociación de trabajadores de la minería en el poblado

Lo que dejaron los “gringos”


El campamento y zona de explotación de la Greenwich Resources había requerido el arrase de buena parte de la vegetación circundante, por razones operativas: utilizaron la madera para construir casas y para mover los molinos y otra maquinaria industrial, que era a vapor. Ha sido lenta pero sostenida la recuperación del bosque; ya las zonas donde se levantaban las casas de los “gringos” y algunos equipos abandonados pueden verse semicubiertos por la vegetación, y apenas pueden verse vestigios de las fundaciones.

Los actuales pobladores también han hecho sus casas de madera. Todas están hechas de madera y techos de zinc. No hay nadie construyendo con barro u otros materiales. Todavía abundan los buenos “palos” de construir: pulgo, pardillo, algarrobo, caramacate, zapatero.

Vivienda de un trabajador minero en el sector Peladero 2
Durante los primeros meses, al comenzar la explotación de las riquezas por parte de los pequeños mineros, hubo un impulso poblacional importante y en la memoria de los más antiguos ha quedado el recuerdo de los primeros expendios: había bodega, restaurant, frutería, venta de ropa, farmacia, servicio de radio transmisor para comunicarse con Tumeremo. Cada día se mataba una res y la carne se vendía entre la población. El bodeguero es el personaje mas importante del circuito comercial de una mina, pues es el que les vende comida a crédito a los trabajadores, que cancelan cuando comienza a aflorar el oro.

No había dinero en esa alborada de Nuevo Callao; las transacciones se realizaban en oro. El oro como valor de cambio se usaba y todavía se usa para comprar casi todo lo que puede comprarse con moneda. No es el gramo (o grama) la unidad menor; un gramo de oro está dividido en diez "puntos" (es decir, cada una de las diez partes en que se divide un gramo es un punto). El peso de un punto es el de un fósforo; puede verificarse esta equivalencia en una balanza manual o electrónica. Rubén Sierra vendía catalinas, queso y otros alimentos y cobraba en puntos de oro. Lo mismo "El Gocho" Pedro Ruiz, que traía helados desde Tumeremo e iba de casa en casa y de barranco en barranco cambiando su mercancía por partículas de oro.

La exploración inicial de lo existente fue ardua y a ratos mortal. Tres hombres bajaron sin protección a explorar una galería abandonada y caminaron sobre gruesas capaz de guano de murciélago. A los pocos días dos de ellos fallecieron, presumiblemente de una enfermedad respiratoria, después de ponerse amarillos.

***

Próxima entrega: Arco Minero del Orinoco y futuro de Nuevo Callao

martes, 28 de noviembre de 2017

La rebelión de Nuevo Callao y el poblado posible (II)


La rebelión de 1995
En este claro en medio de la selva, en Nuevo Callao, la transnacional Greenwich Resources tenía una cerca electrificada donde encerraba a los mineros que entraban para llevarse unos gramos de "su" oro. Oro de la tierra venezolana saqueado por ingleses. Hasta que los mineros se sublevaron

José Roberto Duque

A finales de mayo de 1995, días después de la toma-rebelión de Nuevo Callao, un vehículo avanza por la Troncal 10, la carretera que conduce a Upata con el eje Guasipati-El Callao-Tumeremo-Gran Sabana, ese territorio lleno de oro y de gente luchadora. En las alcabalas se ha redoblado la vigilancia y el celo con todo lo que se desplace por allí, debido al tremendo impacto que ha causado la expulsión de una corporación inglesa por parte de un grupo de mineros y revoltosos. En una de las alcabalas, uno de los guardias se detuvo durante más tiempo de lo normal a observar dentro del carro, a cada uno de los cuatro viajeros. Momento de tensión; en el auto viajaba un personaje en modo clandestino, pues andaba buscado o seguido muy de cerca por los cuerpos de seguridad del Estado. Esta historia continuará al final de esta otra historia, la que sigue.

***

En los parajes selváticos de la mina conocida como Nuevo Callao, al sureste de Tumeremo y en dirección hacia el territorio Esequibo, los administradores, capataces y propietarios de ese yacimiento de oro se comportaban como uno espera que se comporte todo ente tiránico, en este caso un consorcio transnacional. Nadie se movía a o largo de las 17 mil hectáreas que “alguien” le entregó en concesión a la Greenwich Resources, empresa inglesa dedicada a la explotación de oro en varias partes del mundo, sin arriesgar la vida.

Muchos fueron los mineros que fueron secuestrados, torturados y vejados entre las décadas de los 70 y los 90 por un pequeño ejército privado de criminales apoyados por la Guardia Nacional, por el solo acto de meterse a ese territorio, que queda en Venezuela pero que era propiedad de una empresa transnacional, y buscar unos gramos de oro para medio ensayar la sobrevivencia de una familia. En la década de los 80 un gramo de oro valía apenas real y medio (0,75 bolívares), y esto no alcanzaba sino para resolver el desayuno muy modesto de una persona. En otra entrega se analizará la evolución y algunos datos comparativos del precio del oro; de momento, limitémonos a retener el detalle, muy revelador, de que para obtener un gramo de oro de una veta a veces es preciso remover cientos de kilos de material (mayoritariamente cuarzo). Transportar esa enorme cantidad fuera de los inmensos territorios de “los gringos”, que así llamaban en Tumeremo y sus alrededores a los odiosos invasores que se comportaban en nuestra tierra como si fuera su finca particular, era una verdadera hazaña. Quienes no lograban esa hazaña eran capturados y tratados como delincuentes. Los mineros venezolanos no podían sacar oro del pedazo de suelo (venezolano) asignado a los ingleses.

"El Tío" Luis Gerónimo Marcano
Una de las mayores vejaciones que sufrían los mineros furtivos capturados era el ser retenidos en una especie de celda improvisada con varios rollos de alambre de púas, a la que se aplicaba electricidad. Los mineros capturados eran encerrados allí hasta que llegaban las “autoridades” y los sacaban a palos para llevarlos a otra prisión, formal pero igualmente vejatoria. Entrada la década de los 90, con un país en dramático proceso de transformación debido a dos cataclismos político-sociales ocurridos en tres años (el sacudón de 1989 y la rebelión cívico-militar de 1992), y un pueblo en pleno despertar de su conciencia, comenzó a gestarse lo que después se conoció como “La Toma de Nuevo Callao” y, en otro registro un poco más épico, “La rebelión de 1995”.

Luis Gerónimo Marcano, un trabajador venido a Tumeremo desde Cocollar, en el estado Sucre, para ese entonces tenía poco más de 30 años; hoy tiene 55 años y se ha convertido en una especie de cronista no oficial del poblado. Lo llaman “El Tío” y es uno de los pocos fundadores del caserío que aún se mantienen en el lugar. Recuerda que “los gringos” les pagaban a varios mineros un sueldo mensual de 75 mil bolívares; se trabajaba 21 días al mes por 8 días libres. “Había una alcabala como una hora antes de llegar al río Botanamo, y hasta ahí podía llegar la gente que no trabajaba en la mina. Tenían unos vigilantes armados y apoyo de la Guardia Nacional”.

El sentimiento de rencor ante los abusos de “los gringos” y capataces de estos propietarios era creciente; Tumeremo estaba lleno de gente que vivía de la minería o que quería probar suerte buscando oro, y la actitud señorial de aquellos patrones protegidos “desde arriba”, sumada a su forma abusiva de ejercer el poder y el control de la zona, comenzaron a convertir la situación en Nuevo Callao en una olla de presión. Todos los días llegaban reportes de una nueva arbitrariedad; todos los días se iban sumando personas dispuestas a sacar de allí por las malas a los intrusos, desde preadolescentes hasta hombres con toda una vida de trabajo minero.

Todavía se encuentran a orilla del camino viejos barrancos o verticales en desuso. De allí se extrajo oro en cantidad rumbo a Europa
José Lacourtt, proveniente de Güiria, cuenta que durante los días decisivos, cuando ya había suficientes hombres del pueblo dispuestos a ingresar a las instalaciones y enfrentar a los dueños, se regó como pólvora otro crimen en desarrollo: los ingleses tenían prisioneras a unas mujeres y todo indicaba que las estaban abusando sexualmente o preparándose para la violación. Hasta que llegó el día 5 de mayo de 1995 y cayó la gota que derramó el vaso.

Héctor Franco, quien hoy es dirigente político, activista y trabajador de Minervén, en ese momento era un joven de 22 años pero ya tenía suficiente bagaje político, sabía cómo agitar y enardecer multitudes con el verbo, y había estado en contacto con factores para ese momento catalogados como “extremistas”: era uno de los hombres con que contaba en Bolívar el movimiento emergente alrededor de Hugo Chávez Frías. “Éramos clandestinos todavía, el comandante acababa de salir de la cárcel y la gente nos recomendaba que nos presentáramos como militantes de La Causa R, que para ese momento era afín a los movimientos revolucionarios y tenía la ventaja de que era un partido legal”. Franco, nacido y criado en Guasdualito, estado Apure, estaba metido de lleno en la efervescencia del movimiento que cobraba forma en Tumeremo, cuando el día 5 llegó la noticia decisiva: un trabajador que había sido capturado por “los gringos” enfermó de paludismo en la prisión que estaba dentro de la empresa, y luego obligado a salir de allí sin un bolívar, para que se largara a pie hasta Tumeremo (a 60 kilómetros por una región selvática), y había muerto antes de poder recibir atención médica. Su nombre era Alfredo Nieves, natural de Achaguas, en Apure. Esta muerte desató las fuerias del pueblo, y se ha registrad esa fecha (5 de mayo) como el inicio de la toma o rebelión.

Héctor Franco: en su juventud le tocó ser testigo y protagonista de la rebelión de mineros
Docenas de carros y motos atravesaron la precaria carretera llenas de dirigentes y mineros, arribaron a la primera alcabala, donde desarmaron y maniataron a los vigilantes y siguieron camino hasta el río Botanamo. Cuenta Héctor Franco que cuando él llegó vio a un vigilante atado y con fractura de una de sus clavículas. Los mineros que se habían adelantado lo habían desarmado por la fuerza pero lo habían dejado vivir. Fue ese el momento, cuenta Franco, en que comenzó a sentirse súbitamente mal, a sentir un escalofrío. “Me preguntaba a mí mismo, cuando empecé a sentir esos temblores y ese frío: ¿pero qué me está pasando, si yo no tengo miedo sino más bien ganas de llegar? No ardé mucho en entender lo que me estaba pasando: eran los primeros síntomas del paludismo”. Héctor debió guardar reposo y reincorporarse días después a la fundación de Nuevo Callao.

Cruzaron el río, recorrieron el trayecto que los separaba de “Rancho de Zinc”, el campamento residencial de los ingleses, y allí fueron recibidos a plomo. A plomo respondieron los trabajadores en una corta batalla, que terminó al percatarse los gringos de la enorme cantidad de gente que venía contra ellos. Los ingleses fueron sometidos y desarmados. Comenzó entonces a concretarse la entrega de territorios al pueblo organizado, por parte de la transnacional. Esto, en un tiempo en que las transnacionales y el Estado venezolano formaban una sólida alianza contra toda iniciativa levantisca. Llegaron los Guardias Nacionales dizque “a poner orden”, pero fueron los trabajadores los que decidieron qué cosa significaba eso de “orden” de entonces en adelante.

Al frente de este movimiento se encontraba, entre otros dirigentes, el minero William Padilla. A este caballero, que vive en Tumeremo, se le atribuye el haber negociado la entrega de los pocos ingleses que fueron capturados y retenidos a la Guardia Nacional. Las condiciones y puntos negociables fueron sencillos: a los ingleses se les respetará el derecho a la vida pero se largan y se llevan la maquinaria pesada, y las minas activas y por activar quedan en manos de los mineros organizados. Estos acuerdos fueron pactados en corta discusión en presencia del mayor Panfill, de la Guardia Nacional.

Abandonado en el monte, un artefacto a vapor que perteneció a la Greenwich Resources
Se dice que William Padilla conserva el “documento” en que se firmó el compromiso pactado: una caja de pilas abierta por la mitad y usada como papel para darle aspecto legal al acto. José Lacourtt dice que ese documento en realidad no existe o no tiene valor: “El mayor Panfill dijo, cuando las dos partes estuvieron de acuerdo en la entrega: 'Para mí, lo que se acuerde aquí es válido'; es decir, que le estaba dando valor a la palabra empeñada”.

"De bolas que no tenía validez de documento legal, ¿qué pretendían? ¿Que el cartón estuviera en una notaría de Caracas, en medio de una rebelión de gente en la selva?", replica Néstor Perlaza, militante de movimientos sociales de Caracas que por esos días se instalaba en Tumeremo para hacer un registro de las luchas mineras. "Había que dejar constancia ante la Guardia Nacional de la devolución de las armas decomisadas a los gringos. Willian hizo eso para evitar una culebra mayor, ya que además de la toma, le iban a poner los cargos a los mineros de robo y posesión ilícita de Armas".

La gente de Nuevo Callao ha querido agregarle un cierre de leyenda al episodio: dicen que cuando uno de los “gringos” más despreciados era sacado del lugar custodiado por la Guardia, William Padilla cogió impulso y le metió un patadón tan fuerte en el trasero que después hubo que sacarle con esfuerzo la bota de obrero, atascada entre los glúteos.

Que se sepa, es la primera y única vez que un movimiento popular venezolano expulsa a una transnacional y dispone de sus instalaciones, sin más trámite que el enérgico acto fundacional de una toma.

En los meses siguientes hubo intentos de desalojo por parte de a GN y más de un líder fue a prisión acusado de invasor. Cuando le llegó el turno del carcelazo a William Padilla el pueblo de Tumeremo se alzó, se paralizó el comercio y por la emisora Radio Rumbos se hicieron llamados a los organismos internacionales de derechos humanos; desde aquella remota región, a la que el centro político y administrativo del país siempre le dio la espalda, llegaban noticias de una masacre, de brutalidad de los cuerpos represivos. Esa batalla también la ganó el pueblo organizado de Tumeremo ya que los líderes fueron liberados y el desalojo no procedió.

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A finales de mayo de 1995, días después de la toma-rebelión de Nuevo Callao, un vehículo avanza por la Troncal 10, la carretera que conduce a Upata con el eje Guasipati-El Callao-Tumeremo-Gran Sabana, ese territorio lleno de oro y de gente luchadora. En las alcabalas se ha redoblado la vigilancia y el celo con todo lo que se desplace por allí, debido al tremendo impacto que ha causado la expulsión de una corporación inglesa por parte de un grupo de mineros y revoltosos. En una de las alcabalas, uno de los guardias se detuvo durante más tiempo de lo normal a observar dentro del carro, a cada uno de los cuatro viajeros. Hasta que uno de los ocupantes dijo: “Este caballero que está aquí es el nuevo párroco de San Miguel, lo llevamos para que se encargue de la parroquia”. El efectivo le pidió la bendición al cura y éste lo bendijo con la señal de la cruz. Cuando el carro avanzó unos metros estallaron las carcajadas: el falso cura era un Hugo Chávez Frías que había ido hasta allá, camuflajeado y clandestino, para recibir directamente de sus muchachos el reporte de los acontecimientos. Era el hombre de la gran rebelión continental aprendiendo primero del pueblo cómo es que se hace una rebelión de verdad, y no cuentos o teorías acerca de rebeliones improbables.

Chávez no estuvo en Nuevo Callao pero se reunió con varios de los tomistas entre El Callao y Guasipati, relata Héctor Franco, uno de esos tomistas y fundadores.

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Próxima entrega: La fundación

martes, 21 de noviembre de 2017

Las entrañas del coltán (I)

Viaje hacia la piedra negra

Llegando al cerro El Gallito
 
En este territorio se desparrama uno de los mayores yacimientos de coltán del planeta. Esta es la primera entrega de una serie de crónicas y reportajes realizados en los espacios y linderos de la empresa Parguaza, territorio de los pueblos piaroa, jibi y curripaco, en el extremo oeste del Arco Minero del Orinoco


Texto y foto: César Vázquez

Hay cierto hermetismo en cada inmersión; que nadie quiere exponerse, eso se sabe. Con un cambio de tono, como si me hubiera visto dudar, me recuerda que su nombre no debe aparecer en esta crónica ni en nada de lo que vaya a escribir, entonces le ofrecí llamarlo “Enrique” como seudónimo. Cuando se lo dije pensó que no era con él, esa fue la mejor respuesta. Faltaba todavía medio camino.

Cuando me preguntaron que si mi teléfono estaba apagado supuse que me harían esa advertencia, pero me equivoqué: se trataba del campo magnético al que estábamos expuestos, que descontrola y daña algunos aparatos electrónicos, como los teléfonos por ejemplo. Un test de calidad bajo estas condiciones no lo hace cualquier fabricante, a menos que se llegue por estos lados o se lo pregunte a alguno de estos mineros.

Ahora, si uno está parado sobre una de las reservas más grandes de coltán del planeta, por supuesto. Lo que allí puede suceder es que te llegue una llamada que no debas atender porque el procesador de tu teléfono va a estar en línea primero con su propio elemento, el coltán, y si eso sucede, ¡cortocircuito! Aún no hay máquinas que hagan la revolución de las máquinas, y muy probablemente deba parir buscando otro teléfono.

“Él fue minero antes que geólogo” me dice el pariente (indígena nativo de la zona) que lo acompaña y remata diciendo: “este no es cualquier minero”; los títulos quedan al aire mientras uno va en la tolva de un camión arriesgando la vida haciendo lo que a uno le gusta. “Estoy aquí porque conozco a la gente indicada” le respondí.

Así fue como Enrique empezó a hablar de un tal Camilo, una leyenda viva:

--Al primero que agarraron por estos lados fue a Camilo, con una piedra de 12 kilos (pudo decir que era una más grande, estaba seguro). Yo solo llevaba una de 2 kilos, así que cuando uno se cae con la Guardia automáticamente a uno se le sale: “mira, pero vamos a hablar”.

Por esa razón se había ganado el respeto entre los mineros de la piedra negra (el coltán), lo había visto en una feria patronal en el puerto hacía más de 6 años.

Nunca le pregunté si Camilo estaba en libertad, pero si fue por extracción Ilegal de material estratégico para la nación, hasta 12 años por el pecho posiblemente podía estar pagando.

En cualquier caso, apagar el teléfono era lo mínimo que podía hacer, y lo más conveniente cuando también debía pasar por evangélico si era necesario, en las alcabalas. Si estoy frente a un guardia que me pregunta qué hago y para dónde voy, en primer lugar debo demostrarme arrepentido y agradecerle a Cristo que ya estaba encaminado; lo más importante era tratar de llegar lo más cerca posible al caño de Orera, donde comienza la trocha.

Del otro lado del río está Colombia con los más buscados compradores de coltán y sus bases militares gringas.

Mientras más lejos de Puerto Ayacucho estábamos, más hostil se ponía el ambiente. La excusa de Enrique siempre fue sincera: íbamos a buscar sus herramientas. La manera de decirlo dejaba claro que todos éramos mineros y contrabandistas, incluyendo al guardia, pero nadie debía saberlo.

Si lleváramos una suruca o una batea nos llevan presos, por eso le digo al guardia que vamos a buscarla, no hay problema.

Todo se lo dejé a su cosmogonía piaroa, aunque me parecía innecesaria tanta honestidad. Igual nos dejaron pasar; haber dejado abierta la posibilidad que de regreso nos podían matraquear parecía ser la formula.

Cerca del cerro El Gallito (el lugar a donde vamos) tres pueblos indígenas se disputan la demarcación y es allí donde el Estado dio la primera concesión para la explotación, producción y distribución de coltán a una empresa mixta

--El camino puede ser de tres horas o más dependiendo de adónde vamos a llegar. Ese es el cerro donde estamos sacando la piedra negra, siempre buscamos la parte alta para hacer el campamento, primero por la visual que se tiene, y segundo porque si llueve no nos vemos afectados por lo que arrastra el agua.

Los mineros de coltán como Enrique y su compañero pueden permanecer una semana o un mes dependiendo de cuántos son en el equipo y de cómo esté la suerte. La cantidad de material que se puede sacar puede oscilar entre 8 y 20 kilos en una semana, y si son más de 6 personas podrían sacar 120 kilos en una semana. Una suerte instintiva aunque parezca contradictoria, en este caso debíamos seguir apostando a que nada nos desviará de nuestro camino.

De incógnito
Al pasar Pavoni, uno de los últimos caseríos, nos quedaban dos alcabalas más. El pariente insiste con lo del campo magnético y asegura que cualquier drone no puede sobrevolar por allí por las mismas causas que dañan los teléfonos.

--Los que pasan por aquí son tan grandes como esta camioneta, se oyen como libélulas mecánicas y como los pintan de blanco para camuflajearlas entre las nubes ni lo ves, solo los escuchas y te agachas.

El pariente quiere lacearse un drone de esos.

Mientras Enrique intenta vacilar al pariente hablando de los drones, el chofer va esquivando los huecos de la carretera. Las piedras que emergen del follaje y que componen el paisaje tienen unas vetas de cuarzo que se confunden con las caídas de agua, y unas caídas de agua que se confunden con las vetas de cuarzo. Estamos en el lugar más antiguo del planeta, el sitio ideal donde podemos cuestionar casi todo.
Pero hay que recordar lo principal: “La cerca que vamos a bordear es nuestro límite”. Se trataba de los límites de la empresa Parguaza.

La empresa tiene más de tres años formalizando sus convenios, pero desde el año pasado arrancó sus operaciones, siendo esa empresa una de las piedras fundacionales del Arco Minero del Orinoco. Al principio le compraba el coltán a los piaroa. Después de varias reuniones los piaroa autorizaron la explotación del coltán, y le fue otorgada la concesión de las tierras bajo la administración del Estado. El 55% es del Estado y el 45% de la empresa, como en toda empresa mixta.

--Cuando se establecieron montaron una cerca. Pero los indígenas seguíamos trabajando incluso estando la empresa allí, a uno lo llevaban hasta allá y uno les arrimaba el material (“arrimar” es vender o tributar). Hoy en día no se puede. Cuando se establecieron los precios, que el presidente salió hablando, la empresa dejó de comprar.

Había dos razones para ir de ida y vuelta, la primera es que hoy en día nadie se acerca por temor a ir preso, se trata de “extracción ilegal de material estratégico para la nación”, así se lo caletreo después que le encontraron los 2 Kg en las bolas, y en segundo lugar con la entrada del verano en diciembre nadie busca coltán sino oro.

El coltán se vende por kilos, en cambio el oro por gramos o gramas, y con un gramo de oro tú te puedes ganar lo que puedes ganarte con 20 kilos de coltán. Además el oro siempre va a aumentar su valor, mientras que el coltán siempre mantiene su precio.

Por estas sabanas hay familias enteras que viven de la extracción del coltán, desde el más viejo hasta los más chamos, sobre todo los piaroa, con quienes los jivi y los curripaco comparten los territorios. Una cinta trasportadora de material va apareciendo como un elefante verde, pienso que ya estamos más cerca. La empresa ha hecho algunas vías, ha mantenido otras y ha reforestado zonas por las que pasé. Nos había caído la noche ya cuando llegamos a la entrada de la trocha, el camino lo refractaba el cuarzo recargado con toda la claridad de un cielo estrellado.

Enrique decide inesperadamente que debemos parar, nos pide que hagamos silencio y señala unas luces que estaban a un poco menos de un 1 Km; era el comando de la guardia.

--Si yo lo oigo, allá lo deben estar oyendo. Si oímos a los perros ladrar, estamos jodidos.

Era imperceptible el sonido de dos picos, uno después del otro, estaban metiéndole a la piedra, era un imprevisto, algo estresante, el coltán estaba por todos lados. Es decir, habíamos alcanzado el objetivo, llegar lo más cerca de la mina. Sin embargo él era el responsable de esta expedición, si debíamos parar y regresar yo estaba de acuerdo, así que aceleramos el paso. Ellos bajaron hablando en su lengua originaria, houttöja.

--Si nos cae la guardia o los pata 'e goma a esta hora, estamos jodidos. Los pata 'e goma son guerristos. Bueno, guerrilleros.

Pensé que resumía para informarme lo que pasaba. Hasta donde uno sabe, los farianos, es decir, los miembros de la FARC, entregaron las armas y entraron a la “vida democrática” en Colombia, con el apoyo de una gran fuerza popular, pero también se sabe que por esta zona operan otros grupos como el Ejercito de Liberación Nacional, (ELN).

Cuando regresamos a la entrada de la trocha la camioneta tenía el capó abierto. El viejo truco, el simulacro del carro accidentado. Habíamos tenido que regresarnos, por eso llegamos 2 horas antes de lo previsto.

El coltán está prácticamente allí sobre la superficie de la tierra, de la pata del cerro hasta la punta. Su extracción depende de un caño y de una técnica artesanal para poder separarlo.

Las herramientas de Enrique que son con las que lo puede hacer seguirán en su caleta, pero lo que ambos aspiran en lo más pronto es que el Estado empiece a comprarles el coltán como mineros artesanales a un precio justo y de esta forma ayudar a erradicar el contrabando y la extracción ilegal.

jueves, 16 de noviembre de 2017

La rebelión de Nuevo Callao y el poblado posible (I)

Para llegar a la historia

Entrada de Nuevo Callao
Esta es la primera entrega de una investigación hecha en el sitio donde tuvo lugar uno de los hitos más importantes de las luchas mineras en Venezuela: la rebelión de Nuevo Callao (1995). En este tiempo de transformación de la actividad minera en nuestro país es pertinente revisar la evolución de ese poblado hasta el momento actual. Su fundación fue violenta; mineros organizados de Tumeremo se pusieron al frente de una multitud harta del saqueo y la humillación de la transnacional Greenwich Resources, expulsó a los dueños de la compañía que se llevaba el oro de Venezuela y desde entonces la explotación minera está a cargo del pequeños mineros organizados.

Está llena de falsedades la propaganda que quiere satanizar a los pueblos mineros, exponiéndolos al desprecio del resto del mundo como territorios donde sólo existe barbarie, catástrofe y corrupción. Tampoco proceden la edulcoración ni la idealización de un fenómeno económico-social que sí ha sido violento y tortuoso, como todo proceso creador de sociedades. Hay problemas y complejidades que el Arco Minero del Orinoco no ha creado sino que está comenzando a sistematizar para normar y corregir algunas situaciones inaceptables. Unos problemas y complejidades que un buen número de personas pensantes y trabajadoras están luchando desee hace años para eliminar o transformar.

El municipio Sifontes del estado Bolívar es un territorio con una historia de luchas populares y numerosos ensayos de organización social y política. Por eso, los planes de humanización y dignificación de la actividad minera son un proyecto realista y posible: allí donde el fascismo y la ignorancia se empeñan en ver salvajes, hay en realidad seres humanos con el talento y el impulso de vivir de otra forma, conservando y humanizando su actividad económica primordial.

En esta primera entrega se arroja luces sobre un contexto histórico y sobre el espacio geográfico, una visión inicial necesaria para entender la enormidad del trabajo hecho por la gente, cuando expropiar empresas no era una política de Estado sino una gesta heroica de pueblos.


José Roberto Duque


Sí, aquí era donde azotaba El Topo, autor de la masacre de los mineros de Tumeremo el año pasado.

No, eso no es lo más importante que ha pasado en la historia de Nuevo Callao.

Habrá acción en este intento de reconstruir los hitos de la historia de ese intento de poblado minero, pero no caeremos en la tentación facilona e irresponsable del sensacionalismo.

Eso sí, nos permitiremos un poco de dramatismo. El poblado minero cuya breve historia reconstruiremos queda al sureste de Tumeremo, más cerca del Esequibo que de Brasil y más cerca de Brasil que de Caracas. La mayoría de sus minas está registrada en el radio de acción del Arco Minero del Orinoco, lo cual, por lo que acabamos de decir y por otras razones más, es un acto de soberanía.

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Antes del renacer del oro la fiebre era de balatá.

En este territorio selvático del estado Bolívar la explotación del caucho llegó a ser mucho más rentable que la del oro, más o menos hasta mediados del siglo 20. Era una actividad ruda, que podía llegar a ser cruel e inhumana.

A los hombres, miles de hombres, que venían a extraer de un coloso vegetal la materia prima del caucho los llamaban pulgueros. Eran los obreros encargados de trepar a un árbol alto y robusto llamado pulgo, hacerles cortes transversales que hacían drenar la savia, un líquido blanco y viscoso, hacia un canal principal, en cuyo extremo inferior se colocaba una especie de canal metálico. Por allí corría el liquido e iba a parar a un recipiente. Ese recipiente era puesto en el fuego y la sustancia se iba convirtiendo en una pelota de goma que se vendía a buen precio. Suena fácil y hasta divertido el trabajo, pero el paludismo y los accidentes laborales diezmaron a centenares de estos trabajadores.

Todavía se pueden ver, en la vía que va desde la comunidad kariña Los Guaica hasta Pueblo Viejo (centro fundacional de Nuevo Callao), e incluso más adentro entre las actuales minas de oro, algunos de esos árboles centenarios objeto de explotación. Les haces un pequeño corte levantando la corteza y la leche del caucho vuelve a fluir.


Una pequeña herida a un pulgo, árbol del balatá
Por esa pequeña herida fluye la savia que en otro tiempo era fuente de riquezas




Marcos Rivero y Luis Gerónimo Marcano conservan algo más que el simple cuento/testimonio de los viejos: el primero vio muchas veces al pasar algunos de aquellos canales recolectores incrustados en los árboles, pero cuando adquirió conciencia del valor patrimonial de esos objetos fue a ver si recuperaba alguno y ya no quedaban rastros. Marcano tuvo más sentido de la oportunidad y conserva una “espuela”, implemento que los pulgueros se colocaban a la altura de los tobillos para ayudarse a trepar por los troncos hasta arriba.

La vía que conduce desde Tumeremo hasta Nuevo Callao es asfaltada hasta un punto; es la Troncal 10, la carretera nacional que comunica con La Gran Sabana. Luego hay que desviarse hacia el este por una vía de tierra, transitable por un corto trecho para cualquier vehículo en buenas condiciones, y de pronto se convierte en una pequeña pesadilla en la que sólo se puede seguir en una toyota (las hazañas cotidianas han inmortalizado esta marca japonesa), en moto o a pie. La otra opción es un helicóptero (el pájaro, lo llaman), pero hace unos años este medio de transporte dejó de ser una alternativa viable, por los costos.

Muy contadas veces, sobre todo en casos de emergencia, los pobladores de Nuevo Callao solicitan uno por teléfono a la compañía Ranger, pero tienen que estar dispuestos a pagar el precio: 30 gramas de oro o 60 millones de bolívares, por una “carrerita” hasta Tumeremo, que dura unos pocos minutos. Hacia el año 1996 los estudiantes y la maestra de la escuela de Rancho de Lata (un sector del núcleo fundacional de Nuevo Callao) se trasladaban en helicóptero desde la orilla del río Botanamo hasta la sede del plantel ubicada a unos dos kilómetros. Ahora ese corto trayecto se hace por picas y caminos.

Tumeremo queda a unos 60 kilómetros de Nuevo Callao, pero por ese intento de carretera (una pica, en el lenguaje popular de los lugareños) puede uno invertir hoy entre una hora y media y doce horas, dependiendo de las condiciones climáticas, las del terreno y las del vehículo en que uno se mueva. A mediados de noviembre de 2017 hicimos el trayecto en casi 5 horas. Es tiempo de lluvias esporádicas y pasajeras y esa escasa agua es suficiente para llenar el camino de lagunas, repentinas trampas de arcilla, huecos formidables que la toyota sortea ayudada por el winche y sus aliados, los muchos árboles del entorno. Si uno viaja al descubierto en la parte trasera la faena se agradece si uno va dispuesto a “pasarla distinto”, en clave de aventura memorable para citadinos. Hay un bejuquito insidioso y malasangre lleno de espinas curvas como uñas de gato, que cuelga de los árboles y parece haber sido diseñado especialmente para amagarle la vida a los viajantes distraídos; si uno no lo esquiva a tiempo puede romperle la piel, la ropa o incluso llevarse impunemente un ojo. En la zona lo llaman jalapatrás, y créanlo, no podía llevar un mejor nombre esa ramita tan ladilla.

Hay que bajarse y caminar cada tantos kilómetros, porque hay tramos en que la toyota tiene que lidiar con el menor peso posible contra el barro y a veces se inclina hasta casi voltearse; es difícil decir si esos hombres llevan la camioneta o si la camioneta los lleva a ellos. Uno ha transitado por carreteras feas en la vida, y esta califica como de las más odiosas. Pero cuando uno le comenta esto al chofer de la toyota el hombre suelta un grito de burla y aporta este otro dato toponímico: “¡Muchacho!, esta carretera es bella, esto es una autopista. Si quiere ver carretera mala siga hasta Botanamo; antes de llegar hay un pedazo que llaman La Lambada”. Quienes no se hayan enterado de que hubo un baile brasileño de moda en toda América los años 80 sólo tienen que buscar los videos: aquello era una faena hipnotizante en que las garotas agitaban cintura, cadera y culo en un despliegue maravilloso de sensualidad. Vaya y mire los videos: así mismo se menean las toyotas llenas de gente y mercancías al pasar por esa parte de la ruta.



La carretera se convierte en una pequeña pesadilla
Unos kilómetros antes de llegar al río Botanamo (río que es preciso cruzar en chalana artesanal, esperar que la toyota haga lo mismo y proseguir) los mejor informados informan: “Debajo de la carretera, en esta curva, aparecieron enterrados varios cadáveres el año pasado. El helicóptero donde vino la fiscal general aterrizó en este punto y aquí mismo uno veía botadas las batas, guantes y mascarillas que usaron los forenses”.

Cruzando el río Botanamo
Venimos de El Callao, donde uno aprende por esas cosas de los nombres de los pueblos que hay asuntos que no es bueno andar comentando ni preguntando mucho en público, pero está claro que se estaban refiriendo a la masacre perpetrada por El Topo y su banda.


Esa matanza, que según cuentan los vecinos no fue ejecutada allí sino en un lugar lejano, y esta carretera sólo les sirvió a los asesinos para ocultar los cuerpos, no ha sido lo más espectacular que ha ocurrido en este pueblo. Hay sacudones lamentables y perversos, y hay otros que funcionan como punto de arranque o Big Bang para las faenas edificantes de los pueblos.


En Nuevo Callao hay comunidades kariña que viven de la caza y la pesca, también de sus conucos y de su elemento ancestral por antonomasia: la yuca y sus casabes. No es extraño que de vez en cuando aparezcan por el pueblo vendiendo piezas de cacería: venados, lapas. Los moradores han visto cerca del poblado ejemplares de león barretiao, dos variedades de tigres, ofidios de varios calibres. Las minas de Nuevo Callao están, entonces, en medio de una selva espléndida, remota y peligrosa en muchos sentidos.

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Próxima entrega: la rebelión de 1995